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miércoles, 2 de agosto de 2017

EL DIEZMO “SU SIGNIFICADO” Y LAS DISPOSICIONES QUE EL VIEJO PACTO ESTIPULABAN PARA EL ANTIGUO ISRAEL


                                    
La palabra  diezmo nace de la palabra hebrea "maaser"  o  "maasrah", que significa: una décima parte.
En el griego la palabra que designa a esa "décima parte"  es  "apodekatoo"  y, tanto en el hebreo como en el griego, estos términos significan “la entrega o dádiva de una décima parte o porción". Otra definición dice que el diezmo (del latín  decimus “décimo”) es un impuesto del diez por ciento, es decir: “la décima parte de todas las ganancias que se debía pagar a un  rey o  gobernante. Sin embargo a lo estipulado en las Sagradas Escrituras, era diezmar todo el producto del grano que al término de cada año, la tierra de Israel (antigua Canaán) produjera a los israelitas; así como del vino, el aceite, las primicias de las manadas y del ganado, el cual se cumpliría de acuerdo a las instrucciones que se indicarán más adelante.
Cuyo Diezmo además de estar señalado en el Libro de Números, también lo hayamos mencionado en el Libro de Deuteronomio y en el libro de Nehemías del Antiguo Testamento, donde mayormente se encuentran las instrucciones de cómo al final de cada año se debía apartar y compartir el diezmo. También el Profeta Malaquías en cuanto al diezmo respectivo, hace alusión de su incumplimiento por parte de la Nación de Israel, ordenando IEUE Dios, traer todos los diezmos al Alfolí (Granero) en su Templo.                         
Esas instrucciones que IEUE Dios determinó no sobre el territorio de las demás naciones extranjeras, sino exclusivamente sobre las tierras que ocupaban 11 de las 12 tribus del antiguo Israel, estaban ordenadas de acuerdo a las siguientes disposiciones:
EL DIEZMO GENERAL.                               
Generalmente se debía diezmar indefectiblemente, todo el producto del grano que el campo rindiere al final de cada año; así como del vino, el aceite, las primicias de las manadas y del ganado (Deuteronomio 14:22-23); y en lo subsiguiente debía ser compartido entre el que diezmaba, su familia y sus servidores en el lugar que IEUE Dios escogiera para poner su Nombre, es decir: “en la Ciudad de Jerusalén”, que primero en el Tabernáculo de reunión, y que luego sería en el Monte Moriah, donde estaba construido el Templo o casa de Dios, pero sin desamparar al levita por no tener parte de la heredad (Deuteronomio 12:18; y 14:27). En el cumplimiento de este diezmo se daba la posibilidad, de que en el supuesto de ser el camino tan largo para llevarlo al lugar escogido por Dios para poner su Nombre, se debía venderlo y guardar el dinero, para luego comprar todo cuanto se quisiere de vacas, ovejas, vino, sidra o cualquier cosa que se deseare, para que el mismo diezmante, sus servidores y su familia, lo comieran y bebieran allí delante de IEUE (Dt. 14:24-27).
DEDUCCIÓN DEL DIEZMO GENERAL.              
Al término de cada año estaba ordenado a deducirse Del diezmo general, hasta la décima parte del grano, vino y aceite, para sacerdotes, canteros y porteros levitas. Lo cual era un mandato ya existente, que fue ratificado en el pacto firmado por 79 israelitas (Nehemías 10: 1 al 27; y 13:5,12).
Una de las razones por la que del diezmo general se mandaba a deducir la décima parte del grano, vino y aceite, para los sacerdotes, canteros y porteros levitas, es porque son productos de mayor duración, siempre que se depositen y se guarden de manera adecuada.
EL DIEZMO DEL DIEZMO.
Siendo el final de cada año, a los levitas se les ordenó que en la ciudades de Israel y con la presencia de un sacerdote de la descendencia de Aarón, recibieran la décima parte de las labores de los demás israelitas; y que luego en ofrenda mecida tenían que llevar el diezmo de este diezmo (diezmo del diezmo), a la casa de IEUE, a las cámaras de la casa del tesoro (Nehemías 10:37 al 38; y Número 18:26).
DE TODOS LOS DIEZMOS.
De todos los diezmos que de los israelitas Moisés recibiera, se debía ofrecer ofrenda a IEUE, y dar esta ofrenda al Sacerdote Aarón (Número 18:28). Lo cual se repetiría en correspondencia con los que posteriormente sucedieran a estos dos personajes bíblicos.
EL DIEZMO PARA EL DISFRUTE COLECTIVO.
La otra y última de las instrucciones que IEUE ordenó, es que al final de cada tres años, específicamente en el año del diezmo, se debía apartar y guardar el diezmo de los frutos o productos de la tierra en las ciudades de Israel (Deuteronomio 14:28; y 26:12); y en este caso, se debía dar al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda que habían en las poblaciones de Israel, para que se saciaran en las aldeas de los israelitas (Deuteronomio 14:28-29; y 26:12-15).
RESUMEN DE DEDUCCIÓN Y COMPARTIMIENTO DEL DIEZMO.                 
1.    Al final de cada año de todos los diezmos se  deduciría una parte, que debería compartirse entre el que diezmaba, su familia y sus servidores en el lugar que IEUE escogiera, sin desamparar al levita.                
2.    Al final de cada año deducir del diezmo general, la décima parte del grano, vino y aceite, para sacerdotes, canteros y porteros levitas.              
3.    Al final de cada año en ofrenda mecida a IEUE, debían deducirla del diez por ciento de todas las labores de los israelitas, y llevarla luego a su casa, a las cámaras de la casa del tesoro
4.    Dar la ofrenda que se indica en el Punto 3, al Sacerdote Aarón.
5.    Cada tres años, cuando siendo el final del año del diezmo, deducir de todos  los diezmos y dar al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda que había en las poblaciones de Israel, para que se saciaran en las aldeas de los israelitas.
MALAQUÍAS.
En Malaquías 3:8-10 se hace referencia, no a todas las naciones del mundo, sino exclusivamente a la Nación de Israel, por los mandamientos que los israelitas estaban incumpliendo con respecto al diezmo de todas sus labores, de donde al final de cada año se sustraía la ofrenda para IEUE Dios, que solo el Sacerdote del templo tenía la autorización de recibir; y semejante situación era lo que estaba  sucediendo con el diezmo general, al que de año en año se debía deducir una décima parte del grano, vino y aceite para canteros y porteros levitas. Tal fue la gravedad del asunto, que el mismísimo IEUE exigió que fueran llevados los diezmos al alfolí, es decir: “al granero” del Templo en Jerusalén (Nehemías 10:1-27; 10:37-38; Número 18:26; y 13: 5-12). Cuyo templo fue destruido, y ya allí no prestan sus servicios el Sumo Sacerdote, los canteros y porteros levitas de la tribu de Leví, que estaban autorizados para recibir el Diezmo.
PRACTICA ENGAÑOSA DE ALGUNAS DENOMINACIONES CRISTIANAS ESPARCIDAS EN EL MUNDO, EN CUANTO AL DIEZMO:
La práctica engañosa de algunas denominaciones cristianas-evangélicas diseminadas en el mundo, es engañar económicamente a sus miembros con la torcedura o distorsión de las instrucciones que en Números, Deuteronomio y Nehemías hay respecto al diezmo. Este engaño lo fortifican aun con Malaquías 3:8-10, al infundir un miedo sicológico a todos sus miembros, bajo el pretexto de que para no estar robándole el hombre a Dios, deben pagarlo semanalmente, y ya no en el sentido de toda la Nación cómo se menciona en este pasaje bíblico, sino que al darle intencionalmente una interpretación en plural, hacen creer que todas las naciones del mundo están en la obligación de cumplirlo, y no es así, porque tan sólo la obligación recaía sobre la Nación de Israel, de acuerdo a lo que la tierra de Canaán distribuida especialmente entre 11 de las Doce tribus del pueblo hebreo, le produjera al final de cada año, así como del vino, el aceite, las primicias de las manadas y del ganado. En pocas palabras, todo esto debían únicamente cumplirlo los israelitas al final de cada año, conforme les estaba ordenado en Dt. 12:18; 14:22-29; 26:12-15; Núm. 13:5-12; 18:26-28; y Neh. 10:1-27; 10:37-38; y 13:5,12.
CONCLUSIÓN: Era ineludible el cumplimiento del diezmo conforme a los cinco puntos descritos en el resumen anterior, y que según lo predestinado sobre los mandamientos del diezmo, lo debía cumplir la Nación de Israel y no las demás Naciones. Todo cuanto a ofrenda diezmal y diezmo que recibiría el sacerdote para sí, canteros y porteros levitas, debía ser llevado al final de cada año al Templo de Dios en Jerusalén, hoy en día destruido, y en su lugar está la mezquita de Omar, donde no se cumple con esta disposición, ni se practica el servicio levítico. Así que la práctica engañosa de algunas denominaciones cristianas-evangélicas diseminadas en el mundo, es una estafa para sus miembros con un diezmo semanal, que tergiversa o distorsiona a Malaquías 3:8-10, en el sentido de hacerles creer que es obligatorio para los hombres de todas las naciones del mundo cumplirlo semanalmente, y es totalmente falso, porque sólo era obligación de la Nación de Israel, conforme a lo que la tierra de Canaán repartida entre las 11 de las Doce tribus hebreas, le produjera al final de cada año, así como del vino, el aceite, las primicias de las manadas y del ganado. En pocas palabras, todo esto debían cumplirlo únicamente los israelitas al final de cada año, conforme les estaba ordenado en Dt. 12:18; 14:22-29; 26:12-15; Núm. 13:5-12; 18:26-28; y Neh. 10:1-27; 10:37-38; y 13:5,12.
El pueblo de Israel tenía que destinar al culto y al mantenimiento de los levitas, la décima parte de ciertos frutos y animales, no dinero (ver Dt 14:22; Lv 27:32). Era un verdadero impuesto religioso que se tenía que dar una vez al final de cada año, no todos los meses ni semanalmente (Dt 14:22). Los fariseos llevaron esta práctica del diezmo religioso hasta la exageración, dando la décima parte de las cosas más diminutas y de insignificante valor, tales como la menta, el eneldo y el comino, pero con olvido de la humildad, la justicia, la misericordia, la fe y el amor, lo cual es una grave equivocación (Mt 23:23; Lc. 11.42; y 18:12). 
Nos adentraremos en las Sagradas Escrituras para examinar con detenimiento todo lo relativo al diezmo, si debemos o no practicarlo los cristianos, si está bien cómo se practica, si realmente nos trae bendición el darlo, etc. Tal vez nos asombremos de muchos detalles que desconocíamos, pero la Palabra de Dios, que es la regla suprema de fe y conducta para la iglesia y el creyente, nos los enseñará. 
El diezmo en las Sagradas Escrituras: 
Dios pidió que la tribu de Leví fuera sustentada con el 10% de los frutos del pueblo de Israel, para que los sacerdotes, porteros y canteros levitas se dedicaran a tiempo completo al servicio del tabernáculo; y esto debían hacerlo desde los 25 años hasta los 50, que era cuando debían retirarse (Nm. 8:24-25). 
Dios, para evitar corrupción dentro del pueblo de Israel, ordenó que siempre el diezmo fuera dado en productos: trigo, vino, aceite, animales, etc., los cuales eran guardados en el “alfolí”, que era un lugar que se encontraba en el templo y que servía de bodega para almacenar los productos generados por el diezmo. Era la manera de sustentar a la tribu israelita de Leví , la cual no podía poseer heredades, sino que su heredad era el 10% de lo que rindiere el producto de la tierra y los ganados de todas las tribus de Israel, pues su labor era dedicarse a ministrar el tabernáculo de Jehová. Del producto del alfolí se sustentarían todos los sacerdotes y sus familias. Es falso pensar que ahora se puede diezmar con dinero en lugar de los alimentos por el hecho que no se manejaba como en la actualidad, sino que era más común el trueque de alimentos. Pero en el Génesis se utiliza la palabra dinero alrededor de 44 veces antes de que se mencione el diezmo por primera vez en Levítico 27. Por ejemplo, con el dinero se compraban personas para hacerlas esclavas  (Gn 17:12),  recargos del santuario  (Ex 30:12),  impuestos del censo  (Núm. 3:47), etc. Cuando ya no se tenía dinero era que se recurría al trueque  (Gn 47:15-17). 

Muchos líderes cristianos afirman: “El diezmo es bíblico, porque se nombra muchas veces en la Biblia”. Eso es cierto, pero lo que no dicen es que siempre se menciona para el pueblo de Israel, nunca para la Iglesia (Lv 27: 34).  En la actualidad se incluyen dentro de las obligaciones para los creyentes preceptos de la Ley que aportan algún beneficio material, como los es el diezmo y la  fiesta de las primicias. Pero no se ha puesto interés alguno para incluir en las iglesias la fiesta de Pentecostés, ni ninguna de las seis fiestas restantes que se mencionan en Levítico 23. Si se les pregunta: ¿por qué no guardan la fiesta de Pentecostés, o la de los Tabernáculos, o la fiesta de las Trompetas? Ninguno dudaría en responder: “Porque eran para el pueblo de Israel”.
El diezmo, la fiesta de las primicias, como las otras seis fiestas corresponden al calendario judío, para celebrarlas una vez al año, y no todas las semanas o todos los meses del año.
Algunos líderes sacan de contexto pasajes para infundir miedo psicológico a sus seguidores si no dan el diezmo; como por ejemplo: “Vosotros me habéis robado vuestros diezmos”  (Mal 3:8).  Pero omiten el resto del pasaje, violando todas las reglas de la hermenéutica y de la exégesis bíblica. Malaquías 3:2 y 6, nos explica que los hijos de Jacob (Israel) no estaban entregando el diezmo para sustentar a los sacerdotes, canteros y porteros levitas (no a un solo hombre al servicio del pueblo y de Dios). La obligatoriedad del diezmo únicamente le concierne al pueblo de Israel por lo que no es universalmente obligatorio como muchos tratan de hacérnoslo ver, es claro que el texto en término singular dice: “la Nación toda me habéis robado”, noten que no dice: “Las naciones todas”. En el v. 10 de Ml., Dios promete dar “bendición hasta que sobreabunde” al pueblo de Israel, si primeramente cumplen con la Ley: “Traed todos los diezmos (frutos de la tierra no dinero) al alfolí (cuarto de almacén) y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Los israelitas estaban bajo la Ley y debían cumplirla para que Dios les bendijera, así que los reta para que al cumplir la Ley, Él pueda probar su fidelidad, su parte del trato. Los judíos a quienes se dirigía el profeta no confiaban en Dios, por eso el Señor los reta a que lo “prueben”. Así que este pasaje no tiene valor para el cristiano, ya que estamos bajo la gracia, y no podemos ni debemos probar a Dios en cuanto a la ley mosaica; Él ya no va a bendecir por cumplir ese precepto de la Ley. De modo que no debemos probar a Dios en cuanto a eso, porque sería ofenderlo principalmente por haberlo dado todo por nosotros, nos dio a su Hijo: “… ¿Cómo no nos dará con él también todas las cosas?”  (Ro 8:32). 

Si usted depende de la Ley, dice Pablo: “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerla.”  (Gal 3:10)  está bajo maldición si no cumple absolutamente toda la Ley como dijo Santiago: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”; así que no sirve de nada ser un diezmador fiel si no cumple los 613 preceptos de la Ley. De esto concluimos que el autor sagrado se está dirigiendo a los que guardan la Ley, al pueblo de Israel, no a la Iglesia. Ningún líder cristiano puede venir entonces a decir, que si alguien no paga, no es salvo, no tiene lógica y es una enseñanza anti bíblica; sabemos que la fe sin buenas obras es muerta, pero la salvación no radica en las obras de la Ley, sino por fe somos salvos. Además la salvación es gratuita, ya que por la gracia y la sangre de Cristo, fuimos justificados y comprados. Por tanto no debemos pagar nada para ser salvos, sino que mejor nos amemos unos a otros; y que tengamos todas las cosas en común como lo hacía la iglesia primitiva (Ro. 3.22-24,1 Co. 6:20, 7.23; 1 P. 1.18-19; Ap. 21.6; 22.17; Gl. 5.13-14; y Hch. 4:32-37).
Otro dato curioso y que no practican los que piden el diezmo, es que: “cada tres años, específicamente cuando fuera el año del diezmo, este debía ser guardado en las ciudades, para ser comido y bebido no sólo por los Levitas, sino también por los “extranjeros, los huérfanos, y las viudas”, a fin de que Dios los bendijera en toda obra que sus manos hicieran” (Dt 14:28-29; 26:12-14). Lo cual no lo hacen, y casi me atrevo a asegurar que un gran porcentaje de las iglesias recaudadoras de diezmos no lo realizan ¿Por qué? Porque eso va a parar a uno o a un grupito selecto de personas, que engañando con la ley del diezmo viven de ello.  No estaría mal que las iglesias aunque fuera una vez por cada tres años, y sin ánimo de la ley mosaica, imitaran el diezmo para los extranjeros, huérfanos y viudas que hubiera en la población cercana o alrededor de la misma.
Hay otra manera y no con diezmo, que en el Nuevo Testamento tenemos instrucciones respecto a cómo las iglesias y los creyentes deben cuidar de las viudas y los huérfanos, y no cada tres años según la ley del diezmo, sino de una manera especial (Stg. 1.27, Hch. 6.1-7; Mt. 25.35-36).

Otro dato mucho interesante es  Núm. 18: 20-28; en estos versículos tenemos que: 1) se repite que el diezmo será para  “los hijos de Israel”  y 2) por tres veces se repite que los levitas entre los israelitas no tendrán parte, ni tendrán propiedad de tierra alguna. Así que, si lo aplicáramos en la actualidad, ningún pastor u otro que vive de diezmo podría contar con ni tan siquiera una parcela o carro propio; esto haciendo cumplir como lo estipuló Dios en la antigua Ley del Diezmo.

Notemos algo muy importante: en toda la Biblia se observa que el diezmo era dado por los propietarios de las tierras y de los animales, que era lo que se recibía como diezmo. Los sirvientes o jornaleros de ellos no diezmaban, ya que no eran dueños de las tierras productivas, ni de los animales, y por lo tanto no daban nadaTambién cuando se recorrían distancias muy largas y no se podía llevar el diezmo en especies por la incomodidad o dificultoso del camino, era que se podía vender todo y se llevaba el dinero al lugar que Dios escogiera, y se daba el dinero por todo lo que se deseara (vacas, ovejas, vino, sidra o por cualquier otra cosa según se deseare), para que el mismo diezmante se lo comiera y bebiera con sus servidores y su familia delante de Dios (Dt 14:22-26).

En  Heb 7:5-12  se vuelve a señalar que el diezmo era de la Ley. En este mismo capítulo 7 de Hebreos indica también con mucha precisión que ahora, en la gracia, no existen los sacerdotes levitas, porque hubo un cambio de sacerdocio y de ley: “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”.
Eran los levitas los únicos autorizados de recibir el diezmo, cuando primero existía el tabernáculo y cuando estaba en pie el Templo de Jerusalén. Con la muerte de Cristo se concertó un nuevo pacto, y ahora no estamos bajo la ley mosaica, sino bajo la gracia y en ley de la libertad (Col 2:14, Gál 5:1; Ro. 6.14; Stg 1:25; 2:12, Heb.8.13; y 10.9). 
La obligación de dar el diezmo fue para los judíos, para los que estaban bajo la Ley. La única vez que se menciona el diezmo fuera de la Ley, y sólo fue una vez, fue cuando Abraham dio el diezmo de su victoria sobre los reyes que habían llevado prisionero a su sobrino Lot. Lo dio una sola vez, y no fue un pago mensual, ni semanal o quincenal: “dio” en esa oportunidad el diezmo, pero jamás dice que “pagó el diezmo”. Está muy claro que estos bienes o despojos no eran de Abraham, eran de los reyes que había derrotado, no fue fruto de su trabajo ni de sus tierras. Pero también hay que acordarse de que por último Abraham no se quedó con nada, se lo dio todo a Melquisedec (“Que no tomaré ni un hilo, ni la correa de un calzado, nada de todo lo que es tuyo, para que no digas después: 'Yo enriquecí a Abram' Gn 14:23). Se ha de notar que no existe ninguna disposición en la Biblia para que alguien pueda tomar el lugar de Melquisedec, para exigir diezmos. En  Heb 7:2  dice que Abraham le dio a Melquisedec  “los diezmos de todo”, pero en Gn 13:2  dice: “Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro”.  Pero, ¡que sorpresa! De toda esta grande riqueza, Abraham no le dio a Melquisedec un pelo de su ganado ni un solo pedacito de su plata y oro; le dio los “diezmos del botín” Heb 7:4. Este pequeño y único detalle basta para cambiar todo el panorama.

Los únicos pasajes en todo el Nuevo Testamento en donde se menciona el diezmo (Mt. 23:23; Lc 11:42; Heb 7:5:12) fueron básicamente para reprender a los fariseos por hipócritas, y para recordar a Abraham cuando en una ocasión “dio” el diezmo. Así que nunca se pidió a ningún cristiano pagar el diezmo. En el sermón de la montaña, donde Jesús ratificó las verdaderas demandas de la Ley, no hizo ninguna mención al diezmo: ¿se le habrá olvidado a Jesús ese detalle tan importante? Si el diezmo fuera una obligación para el cristiano, ¿no parece extraño que en ninguna parte del Nuevo Testamento lo obliga a cancelarlo, y que ningún apóstol o discípulo lo haya recibido de alguien? 
Entonces, ¿por qué las iglesias engañan a sus miembros con lo del diezmo? La iglesia cristiana primitiva promovía la ofrenda voluntaria y no el diezmo. Las enconadas discusiones de Pablo con los que promovían la restauración de ciertas observancias de la Ley, cómo la circuncisión, hace suponer que siendo el diezmo una regulación mínima en comparación con otras leyes ya imprácticas, su sola sugerencia hubiese dado lugar al reproche. Pablo a estos restauradores los llamaba "judaizantes". Además, los judíos en la actualidad no diezman. Los rabinos judíos, quienes en teoría deben de conocer y saber aplicar mejor la Ley Mosaica, no cobran diezmos porque ellos saben que únicamente los  levitas  pueden cobrar el diezmo. A causa de la destrucción de los archivos genealógicos en la destrucción del Templo en el año 70 d.C., ellos no pueden identificar a los verdaderos levitas. Usan un sistema diferente para sustentarse económicamente, que trata de tantos dólares por cada asiento en sus sinagogas, y así poderle dar mantenimiento y sostenerse económicamente. Entonces, ¿podría algún líder probar que es descendiente directo de Aarón para tener el derecho de pedir el diezmo?

De acuerdo al Nuevo Testamento, el dinero bajo prácticas herradas, no tiene poder ni beneficio alguno para las bendiciones o dones de Dios: Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hch 8:20)Hoy en día quienes exigen o piden diezmo y donaciones, no por caridad, sino por interés, para que a las personas les vaya bien en la vida (sanar, conseguir trabajo, salvación de un familiar, solucionar un problema familiar o hasta amoroso) están equivocados. Si esto es cierto, entonces estamos viendo restauradas las famosas indulgencias de la edad media, que dieron inicio a la reforma liderada por Martín Lutero.

El diezmo fue una práctica divina para sustentar a los sacerdotes, canteros y porteros levitas, y se les debía entregar en especies, nunca en dinero. A diferencia de esto ahora, no debe existir el diezmo ni exigirlo bajo la promesa de que recibiremos más prosperidad terrenal, todo lo contrario, ahora se nos pide que no nos hagamos de tesoros aquí en la tierra, sino en el cielo. Los primeros cristianos dieron todos sus bienes para repartirlos entre todos los de la Iglesia, pero ninguno de ellos llegó a ser rico, ni tuvieron la iglesia con ánimos de lucro, ni para comodidades personalistas. 
Si alguien le dice que debe de pagar en forma obligatoria el diezmo, no estarías dando libremente como propusiste en tu corazón, sino que sería una imposición. Recuerda que cumplir el diezmo es guardar la ley mosaica, y si se está bajo la ley de moisés, se está bajo maldición, y aún debe cumplir entonces los 613 preceptos de la ley, porque si no se hace culpable de todos (Dt. 27.26; y Gl. 3.10-13). 
En el Nuevo Testamento vemos que la iglesia se financia con ofrendas, no con el diezmo (1 Co 16:1-2; y 2 Co 9:7). También recordemos que los primeros cristianos estaban en la obligación de dar hospedaje a los ministros de la Palabra: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.” 3 Juan 1:5-8.             
Además, cuando Cristo envió a los doce y luego a los setenta, no les enseñó a cobrar diezmos sino a quedarse en los hogares de los justos y a comer lo que les pusieran delante, nunca solicitaron que les pagaran por el servicio, ni hoteles de cinco estrellas ni limusina (Mt 10:5-15; Lc 10:1-12).

En resumen

1- El diezmo fue mandado por Dios, para que a sacerdotes, canteros y porteros levitas se le entregara en productos, nunca en dinero, porque estos no podían poseer propiedades y para que no hubiera corrupción.

2- El diezmo era de la Ley (Mt 23:23), según la ley (Heb 7:5).

3- En la Gracia debemos ofrendar libremente, como cada uno propuso en su corazón, sin que tu mano izquierda sepa lo que ha dado tu derecha. No se debe hacer en sobre con nombre, la ofrenda debe ser anónima.
 2 P. 2.3; y 1 Tm. 6.5
“Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda  y su perdición no se duerme”. 
“Disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad que toman la piedad como fuente de ganancias, apártate de los tales”.
 


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